Entrenar y enseñar Tiro bajo estrés

 

Últimamente se ha puesto de moda hablar de estrés, de factores fisiológicos y sobre todo se ha puesto de modo, leer e interpretar autores que hablan de una cosa, y por arte de la ciencia infusa, algunos muchos, bastantes acaban directamente aplicando “el dicho al hecho”, vamos que rápidamente para argumentar una nueva invención, acaban de forma desafortunada en la mayoría de las ocasiones, implementando una idea de la que tienen vaga información ( 2 ó 3 páginas leídas de alguna obra) en una mega ultra técnica, o sencillamente en una aplicación directa a modo de adorno de sus habilidades.

También está muy de moda el tratar el estrés de combate, como si fuera algo fácil de promover. No conozco todavía en más de 5 lustros de oficio, una forma eficaz y realista de entrenamiento, que se acerque al 10% de lo que puede experimentar el ser humano en una situación de peligro de muerte. Sencillamente porque es imposible. A día de hoy sin drogas añadidas, y sin riesgos los inherentes del combate propiciados de forma mágica por las teorías del grito, de los golpes, de la simunition, o de los disparos cerca de la oreja, no hay manera de propiciar que nuestro corazón pase de 60 ppm a 185ppm en 4 segundos, segregando nuestro organismo adrenalinas, y provocando efectos fisiológicos inmediatos. Y si alguno vende eso o les cuenta eso a un grupo de avezados padawan o alumnos, es un verdadero necio y un mentiroso.

Dominar el estrés, otra de esas cosas de moda. ¿Dominar el qué?… podremos hacer muchas cosas, pero dominar…., podremos encauzar, reconducir conductas, mejorar respuestas mecánicas, pero dominar nuestro cerebro primitivo, reptiliano, o cachorro es hablar en los albores del siglo XXI de mera ciencia ficción. Y no porque lo afirme el que suscribe, neófito en los recónditos secretos del cerebro humano, sino porque detrás de mis humildes apreciaciones hay muchos profesionales de la ciencia que así lo han demostrado empíricamente.

Y llegamos al tiro, al momento estrella que a tantos gusta en sus clases magistrales, en sus cursos operativos, tácticos, y sobre todo entretenidos. Y sobre todo en aquellas materias encaminadas a instruir al alumno en tiro defensivo, reactivo, dirigido, apuntado… y se plantan delante de un blanco, y hacen uso de su arte en el manejo de la pistola, con grandes acrobacias o grandes explicaciones y demostraciones. Y no se plantean que están robando a la verdad algo muy importante, que están enseñando a tirar “al pato”, no están enseñando un tiro de supervivencia, por mucho que se muevan, por mucho que salten o rompan la X. Sencillamente, se están regodeando de cuanto saben, y no de lo que deben enseñar o mostrar.

Es habitual en los cursos, cursillos y jornadillas de tiro ver como el refuerzo positivo, importante él, se utiliza como efecto placebo para que el alumno no se dé cuenta de que le están tomando el pelo. Que le están enseñando a disparar con ciertos nervios propios de pensar, “haré el ridículo”…”el resto son mejores”… etc., y no le están enseñando a entender que en caso real, todo eso que ha aprendido, de las luces, de la muñeca, de la súper posición de tiro, sobre la puntería, sobre el tiro a dos manos, a una mano, de rodillas, tras parapeto, tras lo que sea, es mera fábula.

Fábula digo, porque salvo los muy acostumbrados a batirse en las cloacas de la vida a tiro limpio, el resto, no saben cuál es su reacción primaria al sonido de la primera detonación. Ya sea cercana o lejana, ya vea o no el impacto, la primera vez suele ser un estado de quedar absorto, intentando racionalizar el hecho. Y no es lo mismo un disparo a 200 metros que impacta en la chapa de un vehículo, que provoca igualmente miedo, que ver la deflagración de la boca de fuego de una pistola a 2 metros.

Y de 200 metros seguramente muchos sepan de lo que hablo, o de 100 e incluso de 25, pero de 2 metros, conozco muy pocos.

Esa situación de desboque fisiológico que apellidamos estrés en término general, es lo que va a mandar en nuestro organismo, en nuestro yo no controlable ni dirigible, y eso es lo que hay que entender, y a ser posible estudiar. Y ya, si es posible, intentar entrenar nuestras reacciones mecánicas (agacharnos, desenfundar, correr, disparar, intentar mirar y extraer información del entorno antes de que nuestras capacidades cognitivas se degeneren, etc.), y poco más.

Cuando hay que realizar disparos bajo estrés de combate, hay que entender que una parte tan importante nuestra, como es nuestra supremacía cognitiva ante los efectos de la naturaleza fisiológica, se degrada hasta límites de nuestro instinto básico de supervivencia, donde no hay cabida para muchas cosas, salvo que se hayan entrenado y entrenado, y se hayan quedado grabadas en nuestro cuerpo y fluyan como una reacción automática. Valga el ejemplo del boxeador, que instintivamente ante una acción de golpeo, rápidamente sin pensar eleva la guardia y se protege. Si no entrenamos a desenfundar y dirigir nuestro arma hacia el adversario que nos ataca, sino entrenamos ese simple hecho y lo desmultiplicamos para perfeccionar mil cosas, sueltas de seguros, empuñes, desenfundes, altura de bloqueo, dirección del arma hacia el adversario, etc…, el día que haya que hacerlo, no pasaremos de dar tirones desde la empuñadura hacia arriba, sin otra respuesta que el fracaso. Y ello hará que todavía nos hundamos más en ese desboque fisiológico.

Antes de enseñar a disparar de forma magistral argumentando tiro defensivo o reactivo, hay que enseñar a desenfundar, a dirigir el arma, a entender que nos está pasando. Hay que enseñar a saber que tenemos entre manos, que munición usamos, que efectos físicos producen. Hay que entrenar y enseñar a disparar de forma fácil y reactiva, dirigiendo el arma, ganando milésimas de segundo al adversario.

Hay que enseñar a moverse, a andar. Sí, hay que enseñar a andar a la gente que bajo fuego, y en situación de estrés de combate, debe abandonar su posición estática, y debe aprender a correr o andar deprisa mientras hace fuego, mientras dirige, y digo dirige su boca de fuego hacia el objetivo.

Hay que enseñar a portar el equipo, a saber las posibilidades de supervivencia que da o no da un chaleco de protección balística, a enseñar que no por agacharse a 4 metros se está reduciendo silueta ante el agresor. Hay que enseñar que esas posiciones mágicas de las líneas de tiro, donde hacemos blanco a 3 metros en círculos como monedas de euro, en movimiento, bajo estrés, con miedo, con terror, no van a ser posibles. Y hay que enseñar que cosas sí que son posibles.

Entre los avezados instructores que se ahogan en sus egos de grandes tiradores, es muy habitual hablar de fuego en movimiento, y sí que hacen bonitos gestos de tiro, y sí que hacen algunos rupturas posicionales, pero siguen disparando bajo un tempo controlado, bajo unas circunstancias irreales, y por lo tanto, siguen enseñando cosas improbables, por mucho tambor que les den sus acólitos o vecinos.

El tiro bajo estrés siempre va a tener un carácter inicial defensivo, inesperado. Dado que si supiéramos que vamos a entrar en un tiroteo, seguramente nuestra mentalización, equipo y táctica estaría muy estudiada y planificada, y tendríamos tiempo de un acondicionamiento mental entre otras cosas. Pero se da la mal fortuna, que normalmente ese tipo de tiro, con sus recargas, con sus pasitos, con sus carreras, con sus interrupciones, con sus caídas, con sus miedos, con sus todo… ese tipo de tiro, siempre es inesperado y sobre todo, involuntario.

Bajo los efectos fisiológicos del estrés, toda técnica como ya hemos dicho antes que no se haya entrenado, no va a sucederse. Y casi siempre, haremos algo que todo ser humano hace bien, poner las manos por delante, retroceder agachando la silueta, y ante tanto paso torpe y ante tanto miedo, nos iremos al suelo dando con nuestro trasero en él. Y a partir de ahí, lo que venga… game over.

Si se enseña al alumno antes de empezar a disparar magistralmente, a moverse, a retroceder, a romper la línea, a romper la estaticidad y posición espacial, seguramente le estaremos dando la mejor herramienta, mucho mejor que decirle que a tres metros sin apuntar y con el arma en la cadera o desde el plexo, se puede hacer fuego efectivo, apuntando con nuestro cuerpo al adversario, sin necesidad de usar los elementos de puntería del arma.

Si se le enseña al alumno a que correr es mejor que andar, que la distancia es una variable muy importante en el tiro, que el movimiento es a la “y” en esa ecuación con variables, entonces estaremos en el camino correcto para empezar a entrenar y enseñar al alumno a manejar sus reacciones condicionadas ante el estrés.

Hay que inducir al alumno a pensar que cualquier movimiento que haga en esas condiciones, va a ser con proyectiles zumbando a su alrededor, y con muchas posibilidades de que alguno le impacte, y ni siquiera sea consciente de ello. Hay que educar al alumno en el conocimiento básico de las reacciones fisiológicas, no contarles la película de que si a tales pulsaciones entramos en exclusión auditiva o en efecto de visión túnel. Hay que ofrecer información de calidad, seria y trabajada, alejada de las piruetas de la línea de tiro.

Tan importante es el enseñar la reacción en el campo de tiro, como educar la mente en el conocimiento de todo aquello que es necesario saber y entender.

Enseñar bajo estrés, también de moda, gritando al oído, ordenando ejercicios infames, cargando pesos, escuchando disparos cercanos, tragando humo, y soportando berridos inaudibles del instructor, es algo que he visto y vivido. Y efectivamente, tiene cierto grado de validez, estamos tocando la fibra sensible al alumno, y le estamos provocando “nervios” y “descontrol”, pero no le provocamos miedo a la muerte. Y por eso hay que ser consecuentes y no engañar.

La inducción al estrés, el inocular miedo y dolor, son herramientas válidas dependiendo del nivel de adiestramiento del alumno. Pero hay que explicar el porqué, hay que mostrarles la finalidad, para que comprendan que nada de lo experimentado se acerca a ese momento, pero… sí que aprenden que si bajo determinados estímulos que pueden ser controlados, ellos fallan, deben de mejorar e insistir.

El estrés aeróbico es una buena herramienta, siempre la defiendo. Porque provoca degradación muscular, y en un momento dado, dispersión cognitiva. Si a ello le incluimos dependiendo del nivel de adiestramiento del alumno, una inoculación de matices de dolor, por ejemplo impactos de municiones no letales. Todo ello va provocando en el alumno una degradación que lo arrastra hacia una posición a la que habitualmente no está acostumbrado a entrenar (y estoy hablando de personal con cierto grado de instrucción, no de neófitos de tirada anual de reciclaje).

Es un error enseñar a quien no sabe andar o correr bajo estrés, a disparar a gritos, haciendo flexiones, portando bultos, oyendo disparos. Sistemáticamente cometerá el mismo error. Y le provocará entrar en un bucle que no va a entender.

Hay que adaptarse a los alumnos queridos instructores, y no adaptar el alumnado al “instructor”. Hay que hablar con ellos, hay que estudiarlos y hay que darles las herramientas adecuadas a cada uno. Y habrá quien diga, el nivel del curso ya se pone, y yo digo…¡¡ JA ¡!… prima más cierto interés ególatra que otra cosa, y sencillamente porque muchos años he sido alumno, y he aprendido a observar y analizar que me han enseñado y como me lo han enseñado, con que me he quedado y porqué.

Es lo mismo que las fantásticas recargas con sus mil nombres, que siempre se indican que han de ser así, que hay que poner asá los cargadores, que si dejo caer el cargador, que si a la bolsa de descarga, que si saco primero el del portacargador y luego el de la pistola, que si la posición en “L”… bla…bla…bla. Si no enseñamos a recargar corriendo, sin mirar seguramente, porque no vamos a poder quitar la mirada del que nos está disparando, no estamos haciendo otra cosa que engañar, mentir, y llevar a la tumba.

Y es que… no somos tan buenos, queridos amigos…. No somos tan buenos enseñando, porque a veces o la mayoría de las veces, nos acomodamos a un tipo de alumno, a una forma de enseñar que es la que está en nuestras zonas de confort, y nos acomodamos a los vítores de los alumnos y compinches que nos dicen que somos la repera. Y no es así. Todo el mundo debería hacer introspección humildemente, y ver donde los egos secuestran los pasos necesarios para dar una formación realista. Donde tenemos carencias, porque pretender ser iconos, cuando un maestro ha de ser alguien que siempre quiera aprender y reconocer sus fallos.

Como decía un gran aprendiz (maestro) que anda por el otro lado del charco, “los maestros también fallan tiros, y los maestros también hierran a veces, por eso han de escuchar y por eso han de aprender de a quienes enseñan”. No consiste en ser un artista dando siempre en el 10, consiste en ser capaz de enseñar a los demás a dar en el 10. Y no siempre dar en el 10 es cosa de disparar 300 cartuchos en una mañana en ejercicios y blancos “fashion”, a veces bastarán 10 cartuchos y una buena mano que le diga, “corre, corre más, dirige el arma…y dispara apuntando con tus ojos, con la corredera, y corre…., extiende el brazo, gira 30º la muñeca,…corre…. Dispara….”

El tiro bajo estrés conlleva muchas cosas, todas importantes, todas a su tiempo. Una vez que tenemos un buen tirador a pie firme, con sus amneas, con su correcta alineación de miras, hay que enseñarle que ese tipo de tiro será de un 0,00000010% en la vida real, donde en la calle, todo fluye y es velocidad. Y no es cosa de correr, sino de fluir haciendo lo que hay que hacer, a tiempo y con cierta corrección.

Hay que enseñar primero que es el estrés, que nos sucede, como respondemos, que se puede y que no se puede hacer. Hay que enseñar al alumno a descubrirse a si mismo, a entender y recuperar en su memoria, los resquicios del estrés en ellos en algunas situaciones pasadas. Hay que inducir a la reflexión, al análisis de todo lo pasado. Y tras ese tiempo de aprendizaje y análisis y conocimiento sobre el campo de las reacciones fisiológicas, pasar a otras cosas.

Hay que enseñar a andar, a correr, sin mirar, sin pensar, hay que mostrar que la vida es como un baile, como una danza, en la que hay que coger unos ritmos y movernos a través de ellos.

Hay que enseñar a romper con lo estático, a romper con lo posicional. Hay que enseñar la palabra “proactividad”, intentar explotar al máximo nuestras capacidades cognitivas antes de que entren en un proceso irremediablemente degenerativo fruto de las reacciones fisiológicas.

Hay que enseñar a manipular las armas sin contar en muchas ocasiones con las habilidades motoras finas. Hay que “trucar” los pistoletes y correderas, con lija por ejemplo, para que en el momento más impreciso, seamos eficaces y precisos mecanizando el arma.

Hay que enseñar apuntar el arma con el cuerpo, a disparar en movimiento, a usar el punto de mira, a no depender bajo estrés del alza porque no la veremos seguramente. Hay que enseñar la morfología humana, como un empuñe a una mano es mejor de una forma que otra.

Y hay que enseñar a disparar una vez más, porque donde a pie firme todo eran 10 y ahora son 2 y 3…. Y no es porque hayamos perdido cualidades y capacidades, sencillamente, es porque estamos haciendo algo que nunca hemos hecho.

Y esa es la reflexión final “hay que entrenar y trabajar duro y constante todo aquello que nunca hemos hecho”, y no por mas gritos, disparos al aire o humos, vamos a enseñar mejor el trabajo bajo estrés. Un saludo cordial.

 

 

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FORMARSE Y ENTRENAR LA ASISTENCIA DE BAJAS BAJO FUEGO

Solemos entrenar para el desarrollo de la profesión muchas cosas, tiro, artes marciales, bastón extensible, defensa, kubotán, etc. Pero…¿Cuántas veces han entrenado las cosas que suceden al otro lado?, me explico, cuando uno dispara y entrena a disparar, supuestamente está haciéndolo para parar una amenaza. Que sucede si la amenaza nos alcanza y nos incapacita. ¿Han entrenado o han practicado o se han formado en técnicas de asistencia a heridos?

Alguno dirá, tengo formación en primeros auxilios, soy socorrista titulado, estoy capacitado para atender emergencias en la calle. Y…¿para atender a un compañero herido por disparo estando ambos bajo fuego?

¿Cuántos de vds se han preocupado por un lado de formarse en esa materia tan necesaria como el saber usar un arma? ¿Cuántos de vds los formados en esta materia realizan entrenamientos con regularidad sobre esta materia?. Vayamos por partes, primero hablemos de la formación, luego ya hablaremos del modelo de entrenamiento.

Por desgracia y actualmente pocos profesionales de las armas, son formados en el ámbito sanitario en lo referente a asistencias bajo fuego, cuando al compañero o a uno mismo le han alcanzado los disparos de un tipo malo. Y si que se da unas pequeñas nociones sobre asistencia sanitaria primaria más versada a socorrer cuestiones más mundanas (accidentes, infartos, ahogos, etc.). Y es importante, muy importante que alguien que trabaja en la calle, conozca esas técnicas básicas que pueden permitir salvar la vida a cualquiera en un momento dado.

Pero también hay que trabajar en la posibilidad de que el agente, sea la baja. Y esa formación escasea, aunque poco a poco en el panorama formativo, vemos viendo a entes privados ahondar en este campo de la sanidad operativa. Bajo la denominación de LEFR-TCC (Law Enforcement and First Response Tactical Casualty Care), encontramos una formación dirigida a la atención primaria a un herido en un entorno operativo policial.

 El LEFR-TCC contempla las acciones derivadas de la asistencia bajo fuego para rescatar (o auto asistirse) una baja en entorno hostil, dentro de un operativo policial, en el que hay heridos de bala, apuñalamientos, agresiones con objetos. Y esas acciones requieren de un protocolo de actuación muy claro, si no se interviene en el rescate de la baja, es posible que fallezca dependiendo de la gravedad de la lesión, y del tiempo en que se pueda realizar una asistencia de a nivel pre-hospitalario.

 La mayoría de las muertes en enfrentamiento armado, en un porcentaje entre el 60 y 70% son producidas por hemorragias en extremidades, baste recordar que en unos 3 minutos un adulto puede perder la mayoría del volumen sanguíneo ante una lesión arterial. Entre un 30 y un 40% de las bajas se dan por los efectos de neumotórax a tensión. Y entre el 5 y el 10% de las bajas se dan por obstrucción de la vía aérea.

 La gran mayoría de estas bajas, si se hubieran podido tratar inicialmente en la zona hostil, donde se ha desarrollado el operativo, hubieran tenido grandes oportunidades de supervivencia. Si el personal que trabaja en la calle, desconoce tácticas y procedimientos de índole sanitaria encaminados al rescate de bajas y asistencia primaria de las mismas, es muy normal que la baja pase a ser fallecido.

¿Cuántos de vds portan una mochila con un botiquín que contemple hemostáticos, torniquete, parches oclusivos, válvulas nasofaríngeas…?

Sin llegar a procedimientos invasivos, los cuales deben ser realizados por personal sanitario cualificado, un simple gesto como colocar ante un disparo en una extremidad un torniquete de manera adecuada, cuando la herida se convierte en hemorrágica, seguramente en un entorno urbano, habremos salvado la vida de esa persona, aunque la ambulancia tarde en aparecer media hora.

 Si hemos sido capaces de sacar a la víctima (nuestro compañero por ejemplo) de la zona de muerte de un tiroteo, y la hemos situado a salvo de los impactos, y hemos procedido a realizar una primera intervención sanitaria, taponando sus heridas, aplicando por ejemplo un agente hemostático, el torniquete, o despejando su vía de respiración, le habremos salvado la vida el tiempo preciso, para que cuando lleguen los medios médicos, puedan proceder a su sostenimiento vital y su traslado a un hospital.

lefr-tcc1Y todo eso, no es factible si no se forma el personal. Si no acude a centros de formación homologados, que puedan mostrar y enseñar los procedimientos y protocolos de primera intervención.

Si importante es saber conducir, disparar, defenderse, usar el judo verbal, etc., más importante si cabe es saber reaccionar y realizar un rescate bajo fuego (por ejemplo) de un compañero caído. Teniendo en cuenta que ningún sanitario se va a meter en la línea de fuego a sacar a un herido, ese trabajo o se hace cuando las armas han callado, y seguramente el herido ya sea baja definitiva, o lo hace el compañero, que se convierte en el único rescatador a mano.

Todo tiempo que se tarde en reaccionar y en sacar a la víctima de la zona caliente, es tiempo consumido en contra de las posibilidades de esa persona herida. Toda ayuda ineficaz que se suministre al herido sin medios adecuados (simples medios adecuados), será consumir más tiempo precioso de su vida, la que está corriendo un gravísimo riesgo.

Ahora que hemos hablado un poquito sobre este asunto, que hemos hablado de la asistencia bajo fuego (CUF…Care Under Fire) y del posterior tratamiento en la zona del operativo policial (TFC…Tactical Fiel Care), podemos plantearnos que no solo basta con realizar un curso de 8 horas para cualificarnos, sino que hay que practicar y practicar, como en el campo de tiro o en el tatami.

 Hay que practicar arrastres, cargas de compañeros heridos bajo fuego, y la primera premisa es responder siempre al fuego con nuestro fuego. No podemos acudir corriendo a socorrer a un compañero caído, con las manos vacías y el pecho al descubierto, seremos otra baja muy rápidamente. Hay que practicar para no provocar otras lesiones a los heridos, hay que practicar incrementando el estrés en los entrenamientos, para ver cómo responde nuestro organismo, ante esfuerzos importantes, y ante la degradación del plano cognitivo, que es el que nos permite razonar y ejecutar pensamientos encaminados a realizar la asistencia sanitaria con mayor calma.

 Y no siempre vamos a poder contar con los “refuerzos” por ello, es importante en nuestros entrenamientos, trabajar en pareja, en binomio, y buscar la forma de ser resolutivos.

 En mis talleres, suelo inducir a buscar varias soluciones a un mismo problema, y en algunos que hemos tratado la asistencia de bajas, hemos explorado estas reacciones y las propias acciones de actuación ante la necesidad de rescatar a una baja. Y para ello, el someterse a la posibilidad de ser impactados por la munición de las marcadoras replicas de armas de fuego, el saber que cada impacto es equitativo a dolor, y saber que ese dolor se multiplica cuando se reciben varios impactos. El repetir un escenario una y otra vez, y en cada ocasión sentir el dolor de esos impactos, poco a poco, va despejando al alumno de fuerzas (por tener que sacar al compañero del lugar) y de moral, cada vez se entra más en un bucle en el que se va perdiendo el pensamiento de “bueno esto es un entrenamiento”, al final, el dolor y el miedo y respeto a este, comienza a condicionar las reacciones del alumno que hace de rescatador.

 ¿Han probado a disparar cargando a un compañero, o sirviéndole de apoyo?, ¿Han realizado en el campo de tiro ejercicios portando sacos de más de 50 kilos de peso?

 Con el trabajo en escenarios en los que nos obligamos a rescatar una baja, bajo fuego (con Airsoft, RAM o Simunition por ejemplo), descubrimos las vulnerabilidades, y descubrimos que pronto dejamos de aferrarnos a nuestro plano cognitivo, y si nuestras habilidades en el plano sanitario no han sido trabajadas (aun habiendo sido formados previamente en estas materias), pronto desaparecen y pronto comenzamos a cometer errores ante el estrés.

 En este tipo de ejercicios FoF, es importante visualizar la necesidad de una carga física, a través de esfuerzos aeróbicos y anaeróbicos importantes, y de las sensaciones y estrés que genera el saber que existe la parcela del dolor, cada vez que nos exponemos y somos impactados. Cosa que en la vida real supondría sumarnos a las bajas. Y ahí es cuando surge la primera duda ¿Si salgo me darán? …Si no salgo mi compañero muere…. Si salgo y disparo tal vez los ahuyente o moleste lo suficiente para poder llegar a mi compañero….Si sigo disparando a una mano con fuego sostenido mientras intento arrastrar a mi compañero a un parapeto (detrás de un coche por ejemplo), tengo más garantías para él y para mi…

 Si mi compañero está consciente y no ha entrado en shock, ¿puede o sabe aplicarse el torniquete el mismo?… ¿puedo disparar y taponar la herida a la vez?

 Y así una infinidad de preguntas y respuestas que se irán apagando conforme nuestra fisiología nos vaya condenando a un estrés que debemos manejar y superar. Porque mientras sea un entrenamiento, tendremos la oportunidad de repetir y repetir y buscar soluciones.

 Fórmense, fórmense en todas y cada una de las materias que en la calle pueden suponer no cruzar la delgada línea que separa la vida o la muerte. Y practiquen, practiquen a rescatar, a usar medicina no invasiva ante heridos y heridas de diversa consideración. Sométanse a tensión, a estrés, a situaciones imposibles, y busquen salidas, no para ustedes, sino para sus compañeros. Y recuerden que el dolor a veces nos avisa de cosas, entre ellas, de que estamos vivos, o de que algo hemos hecho mal para padecerlo.

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Fórmense, busquen centros de formación en LEFR-TCC o TCCC (los militares este último), inviertan en vida.

CICLO OODA

Observar, Orientar, Decidir, Actuar. ¿Cuántas veces realizamos al día esta asociación de acciones?. La respuesta es sencillamente miles de veces. Cada vez que realizamos un movimiento, cada vez que plasmamos un pensamiento en una acción, cada vez que realizamos labores mundanas, siempre repetimos ese ciclo de acciones.

Observamos nuestro mundo, nuestro entorno, nuestra casa, nuestro vehículo, nuestro puesto de trabajo, nuestra vida. Y en un momento dado, tomamos un especial interés en realizar un gesto, un movimiento, una acción, y nos volcamos cognitivamente y físicamente en hacerlo. Para ello llegamos en apenas una milésima de segundo en tomar una decisión, como hacerlo, porque lo hago, y todas y cada una de las variables que pueden surgir en el plano cognitivo y racional, previo a la realización de la acción deseada. Finalmente, decidimos actuar, decidimos hacerlo, y nos lanzamos a ello, movemos nuestro cuerpo y ponemos en marcha el complejo sistema fisiológico.

Y todo comienza cuando en ese escaneo de nuestro mundo, una chispa nos hace focalizar una idea. Tengo hambre…voy al frigorífico…lo abro…. ¿que veo?…una fruta…mmm tengo hambre…voy a saciarme con la fruta…..voy a extender mi mano y la cogeré, y me la llevaré a la boca, y la morderé y masticaré…..me deleitaré con sus sabores y texturas…

Esto sería el proceso mental de nuestro ciclo OODA sobre el hambre y como saciarla.

Y el proceso de orientar nuestra decisión ante una necesidad surgida, es el elemento más importante del ciclo OODA. Sin la orientación, sin esa capacidad de “fijarnos”, sin esa sensación de deseo de hacerlo, no seriamos capaces de poder hacer nada. Nuestro deseo, nuestra fijación en algo, es lo que nos articula fisiológicamente a realizar esa acción.

DSC_0168 (2)Cuando en un enfrentamiento armado, hay que disparar al adversario, lo primero que hacemos de forma instintiva es mirar, buscar con la mirada y con los demás sentidos la procedencia de la amenaza. Una vez que la hemos localizado, nos fijamos en ella, la analizamos en un proceso mental que es inferior a un segundo, y en todo ese tiempo organizamos nuestra mente y nuestro cuerpo para dar el paso siguiente, que es desenfundar, apuntar, disparar, correr, parapetarnos, etc. Ese proceso organizativo es el que denominamos orientación, porque en él se dan las condiciones de tomar y distribuir todos los datos recibidos de la observación, para una vez ordenados, remitirlos al proceso de toma de decisiones (la decisión de desenfundar y responder al fuego del adversario con nuestra arma).

Ahora pensemos en la actitud del agresor, que nos ha visto, ha orientado sus pensamientos a dispararnos, ha decidido dispararnos y nos dispara. Su ciclo OODA se ha basado en su necesidad (deseo) de abrir fuego contra nosotros, ha decidido el momento, el lugar, el modo de hacer fuego. Y pensemos en nosotros, en nuestra respuesta.

Si nuestra reacción es la que el agresor espera, seguramente seremos baja. Como en toda emboscada, es muy complicado salir de ella, si el que la ha preparado ha estudiado todos los matices de la misma. En nuestro caso ante la agresión de arma de fuego y disparo, si se trata de un hecho sorpresivo, seguramente dependiendo de la distancia, tipo de arma, y nuestra posición espacial en su sector de tiro, con toda la probabilidad seremos baja.

Pero pensemos por un instante que somos capaces de “ver” el acto de agresión, que vemos al agresor salir, actuar. Nuestra respuesta si es equitativa provocará en el agresor un estado de “confusión”. Ya no se trata de disparar a un blanco, sino que el blanco (nosotros) acaba de moverse, y acaba de reaccionar (por ejemplo) haciendo uso de un arma de fuego “orientada” hacia el lugar donde se encuentra el agresor, mientras corremos hacia otro lugar distinto al que nos encontramos, y donde hemos sido atacados.

El agresor, que iba convencido que en tal sitio iba a dispararnos, ahora se encuentra con el dilema, que ya “no estamos allí”, y para colmo de sus pesares, nos acabamos de convertir en un “blanco reactivo”, que está devolviendo disparos a los suyos.

¿Qué sucede en la cabeza del agresor?. Lo primero es un estado de sorpresa, que corta en automático el proceso OODA que había motivado su deseo inicial de dispararnos como él quería y donde él quería. El agresor debe “recalcular” sus acciones, y debe volver a observar, a orientar, a decidir y a actuar. Ese tiempo puede ser un segundo o dos. ¿Cuántos metros puede recorrer usted en un segundo?¿cuantos disparos puede realizar en un segundo?

Acabamos de forzar al agresor a reaccionar a nuestros movimientos y decisiones, ya no es que nosotros debamos reaccionar a sus intenciones, sino que él, acaba de perder su iniciativa.

Existe la tendencia a pensar que el ciclo OODA se inicia en el mismo momento del conflicto. De ser así difícilmente podríamos salir airosos, porque como ya he comentado con respecto a la emboscada, el que la prepara selecciona con minuciosidad todas las variables. El ciclo OODA realmente se inicia con antelación, cuando somos capaces de leer el entorno y cuando tenemos tiempo para modificar nuestra conducta y nuestras reacciones ante la lectura del entorno.

Si somos capaces de interpretar por adelantado la acción del agresor, podremos inducir ese cambio, ese “recalcular” sus decisiones y acciones. Una vez dentro de la acción, es muy complicado variar el objetivo final del que inicia la acción.

El análisis de la situación y sintetizar esa información, junto con la experiencia, son las dos herramientas claves para desarrollar ese instante “anti-OODA” del agresor. La experiencia nos indica que procesos o situaciones ya vividas, nos muestran pautas y pistas sobre lo que puede pasar.

Quien nunca se ha quemado cocinando, hasta que no lo hace, no descubre que ciertos aspectos de la física y la química actúan en un quemazo por tocar una parte de una olla en el fuego, o por una salpicadura de aceite de la sartén al fuego. Una vez que uno se ha quemado, ya sabe lo que puede venir si en la olla el agua está en fase de ebullición y se nos ocurre acercar la mano a las partes de la misma que no están protegidas. Y ello nos permite día a día que al cocinar no nos quememos, salvo por accidente.

Si un sospechoso delante de nosotros, con la camisa por fuera se entrega dócil, y ya hemos tenido experiencia sobre personas que portan armas ocultas en el pantalón, tapadas por camisas o polos o camisetas por fuera del pantalón, andaremos prevenidos de cualquier tipo de acción. Y nuestro protocolo podrá adecuarse a ese conocimiento previo.

Si nunca nos hemos enfrentado a esta situación, en un momento dado el sospechoso puede subirse la camisa y sacar un arma oculta con la que agredirnos. Y esa primera vez nos cogerá desprevenidos. Y ya en plena ejecución del proceso OODA del sospechoso, nuestras reacciones marcarán la diferencia entre vivir o morir. Si antes de que el sospechoso pueda levantarse la ropa para acceder al arma y manipularla, nosotros le sometemos a un control férreo, su idea de agredirnos se disipará tal y como estaba diseñándolo en su mente, por lo tanto, le habremos “roto” su ciclo. Y si quiere hacerlo, deberá volver a diseñar un nuevo proceso para ello.

seminario 09_02_13 005No se trata de jugar al gato y al ratón, se trata de dependiendo de nuestro nivel de alerta, ser capaces de prever anomalías en los comportamientos o en el propio entorno, y ser capaces a su vez de con nuestra actitud y resolución, modificar esos comportamientos anómalos.

A partir de ese punto entran en juego los ejercicios FoF. Si de una experiencia más o menos resuelta, somos capaces de analizarla y proyectarla en decenas de escenarios posibles, de decenas de posibilidades modificadas, seremos capaces de ampliar nuestra experiencia.

Si por ejemplo aplicamos esa experiencia de arma oculta, en vez de en plena calle, pasarla a un vehículo, a un control de personas, a un tumulto, a una zona urbana con transeúntes, a una estancia cerrada, etc. Estaremos enriqueciendo nuestra experiencia. Si al entrenamiento en esos escenarios ampliados, les añadimos estresores o inoculadores de estrés, todavía aumentaremos más nuestra “biblioteca” de recursos y experiencias.

No siempre la experiencia debe de venir de una acción real violenta, podemos inducir a la experiencia a través del diseño de escenarios realistas, que requieran una aplicación seria y estudiada, analizada y evaluada del alumno de ejercicios realistas. Y para ello el FoF es una herramienta válida.

En algunos de los talleres que imparto, suelo preguntar a los concurrentes sobre algún hecho en el que el protocolo ejecutado fue positivo o negativo, y a través del relato, diseñamos ese hecho, lo vamos modificando con variables y posibilidades, y ante una misma respuesta, planteamos diversos problemas. Y los concurrentes son los que van desarrollando y determinando mediante su actitud y aptitud, resoluciones. Al final, de un hecho, hemos creado un abanico de posibilidades, todas experimentadas, y que en un momento dado, servirán de experiencia llegado el caso de tener que resolver en el día a día una situación similar.

No se trata de inventar o proponer situaciones inverosímiles, sino de proponer escenarios en los que la conducta del agresor se tenga que modificar ante la respuesta del que es agredido, ante su anticipación y resolución. Y a veces el combinar el rol agresor y agredido, nos proporciona una doble experiencia. Porque siempre hay que intentar descubrir cómo piensa y cómo actúa el que agrede. Y para ello nada mejor que pasar al otro lado de la línea en este tipo de entrenamientos.

DSC_0174Y ser conscientes como nuestro proceso OODA se ve condicionado ante la reacción o prevención de nuestros compañeros. Y ser testigos en primera persona del esfuerzo que conlleva “recalcular” nuestras decisiones y acciones.

A veces seremos conscientes de la dificultad de montarse en el viaje de los reflejos condicionados, y no sólo por parte del agredido, sino por parte del agresor que si no quiere salir de su espiral de decisiones debe condicionarse a adaptar sus acciones y procesos cognitivos a la modificación del entorno y de la actitud del agredido.

TRABAJANDO CON MEDIDAS DE RETENCIÓN DEL ARMA

Uno de los mayores problemas que se puede encontrar quien trabaja con un arma de fuego a la cadera, es la seguridad del arma ante acciones de segundos y terceros actores. Sin duda la capacidad y aptitud para favorecer técnicas de retención del arma, son indispensables en el caso de un forcejeo, del momento previo o posterior a una intervención armada, o simplemente al deambular entre una multitud ciudadana.

Al cabo de los años, cualquiera puede recopilar datos e información sobre compañeros, conocidos o allegados, que en un momento dado de una intervención, han tenido el pequeño gran problema de haber perdido el control físico y espacial de su arma reglamentaria.

Si tan importante es saber realizar una presentación correcta, saber dónde está la altura de bloqueo, tener control del disparador, aplicar una correcta alineación de miras, etc., Igual de importante es saber “proteger” el arma de fuego, por dos simples cuestiones. Una porque el arma de fuego es un elemento de seguridad que no debe perderse, la atracción de las armas, los accidentes, el uso indebido. Y otra, que si nos la quitan puede ser usada en nuestra contra.

Hoy en día por suerte, la gran cantidad de fundas para pistola que hay en el mercado, facilitan al menos que el arma no se nos pueda “caer” de la funda, y que en el caso de un forcejeo, dados los niveles de seguridad de las mismas, hacen casi imposible que un segundo actor pueda accionarlos para liberar el arma. Aún así no existe la garantía 100% de que en un forcejeo, alguien pueda “lograr” el ángulo correcto de incidencia en los elementos de seguridad, y pueda manipularlos y soltar el arma de fuego.

No obstante no siempre las medidas de retención, las vamos a tener que considerar con el arma enfundada. Porque puede que en alguna ocasión, sobre todo en acciones de tiro defensivo, la respuesta de protección del arma requiere de la habilidad y destreza del usuario. Por eso a la hora de diseñar escenarios de entrenamiento para estos menesteres, hay que tener claro varios aspectos:

  • Normalmente cuando el agente ha sacado el arma de su funda, y la esgrime, haya abierto fuego o sea utilizada como medida coercitiva, la lleva en la mano. Si la acción que propició el desenfunde y el uso del arma ha concluido, pero el escenario no está concluido, el agente debería “plegar” el arma al cuerpo. Por plegar o pegar el arma al cuerpo, entenderemos la acción de acercar el arma al cuerpo, teniendo control de la misma, y a su vez, en caso de presencia de terceros podremos dar una imagen menos agresiva (si no hay intención o necesidad de ello).
  • El plegado del arma al cuerpo, nos permite tenerla en disponibilidad de uso, pero al estar pegada al cuerpo (manteniendo unos cánones de seguridad imprescindibles y obligatorios). Se pueden practicar técnicas plegando a la altura del plexo soldar (SUL), a la cadera, arma abajo (brazo descolgado), arma arriba (brazo en 90º) o arma a la sien.
  • Dependiendo si el trabajo es individual o corporativo, adaptaremos esas medidas para evitar un accidente, o al menos minimizarlo. Hemos de recordar la importancia de las reacciones fisiológicas ante estrés, las cuales mediatizan el porte del arma, las habilidades motoras finas, y en definitiva la capacidad cognitiva. Por ello no siempre una misma forma de portar el arma, puede ser válida para distintos escenarios.
  • Si el escenario no está asegurado, es muy probable que existan amenazas, lo cual nos lleva a que en un momento dado, puede surgir la necesidad de hacer uso del arma. La tendencia natural de quien no está acostumbrado al tiro defensivo, será la de adelantar el arma hacia el frente, en busca de la amenaza, y en busca de la alineación de los elementos de puntería. En este punto, además de las reacciones fisiológicas que se dan, provocando exclusión visual o auditiva en determinados planos, nos estamos olvidando que dependiendo de lo cerrado de ese escenario, el “sacar el arma más allá de la protección de nuestro cuerpo”, puede provocar que ante un encuentro con un agresor, éste puede quitarnos el arma, bloquearnos, etc.
  • En el momento de forcejear, las acciones involuntarias por el estrés pueden y seguramente provocarán manipulaciones involuntarias, que lleven a disparos fortuitos, y que pueden provocar daños colaterales no deseados.

Para trabajar estas circunstancias, una buena manera es trabajar en tres niveles:

  • Espacios amplios
  • Pasillos y habitaciones
  • Entre personas.

retencion 001  Espacios amplios

Para empezar a trabajar la retención del arma, comenzaremos en espacios abiertos, salas de gimnasio, canchas deportivas, etc. Y los movimientos a realizar serán siempre entre los puntos cardinales y sus subdivisiones angulares, siendo al final 8 direcciones de movimiento.

Un buen ejercicio es colocar con cinta adhesiva una cruz de unos 1 metro de aspas en cada punto cardinal (N, S,E, O), y proceder a realizar movimientos positivos (avance) o negativos (retroceso), en todas las direcciones, portando el arma en la mano, sin preocuparnos inicialmente de como la llevamos, para después pasar a trabajar en diversas posiciones de plegado del arma en el cuerpo.

Posteriormente, los mismos movimientos y acciones se desarrollarán en un espacio más abierto y dinámico, en el que trabajaremos desplazamientos y velocidad. Pueden incluirse obstáculos que obliguen a variar la forma de la retención. Y se puede incluir en esos recorridos objetivos sobre los que apuntar o variar el grado de uso del arma. Para ello recomiendo el uso de armas con munición RAM, Airsoft, Paintball o Simunition.   Los objetivos pueden ser inanimados (blancos) o animados (blancos reactivos, o compañeros en modo agresores).

Tan importante es trabajar los movimientos de toma de contacto, como los de ruptura del contacto. Y no olvidar las técnicas de movimiento en cada una de las direcciones. Sobre todo hay que tener en cuenta que bajo estrés, sino se ha entrenado la forma de realizar los desplazamientos, podemos irnos al suelo con suma facilidad.

retencion 002Pasillos y habitaciones

El entorno real nunca es diáfano, siempre hay objetos, obstáculos y elementos que van a dificultar el movimiento. Por ello, una buena manera de trabajar el siguiente nivel de retención del arma, es por ejemplo en pasillos estrechos, subiendo o bajando escaleras, entrando y saliendo de habitaciones de todo tipo. Las oficinas y vestuarios suelen ser unas buenas canchas de entrenamiento.

El objetivo de este siguiente nivel es el de aprender a sortear obstáculos sin perder el control del arma. Llenar una habitación con sillas, o un pasillo con cajas de cartón a diversas alturas, en las que haya que combinar el uso de ángulos distintos de visión y control espacial, con la retención del arma (recordemos que tras una esquina cualquiera, un agresor puede agarrar nuestra arma si la llevamos muy separada del cuerpo, o la llevamos abajo o arriba…por ejemplo)

En este nivel, hay que seguir trabajando las técnicas de desplazamiento, y sobre todo hay que empezar a tomar consciencia de dónde y cómo portamos el arma, sin necesidad de mirarla, dado que nuestros sentidos principales deben estar encaminados a obtener información del entorno en el que nos estamos moviendo.

Al igual que en el nivel anterior, trabajaremos tanto el aspecto individual del entrenamiento como el corporativo, con otros compañeros, para ir verificando los errores en la angulación del arma, en el agarre, e incluso en las transiciones del cuerpo cuando pasamos a modo de uso, o a modo de retención del arma.

Entre personas

La mayor preocupación siempre ha de ser el evitar daños colaterales a terceros. Por ello es muy importante, el saber trabajar en condiciones extremas y extraordinarias. A veces una agresión se puede dar en una zona concurrida por personas, ya sea a campo abierto, en una plaza, en una calle, en el hall de un edificio o en una habitación.

Y la presencia de personas ajenas, y la necesidad de movernos o bien para intentar reducir a la amenaza, o el hecho de tener que buscar un ángulo de tiro, nos limitan a la hora de exponer el arma. Por eso hay que trabajar ese tipo de escenarios, en los que el arma está desenfundada, y existe una amenaza entre la multitud.

Para ello recomiendo ejercicios iniciales de percepción visual entre la masa.

  • Avanzar hacia una línea de personas, y detectar y abrir fuego (simulado sobre la persona que se convierte en agresor al iniciar un ataque)
  • Avanzar entre dos filas de personas (en medio de un pasillo formado por los compañeros), y trabajar la visión periférica e incluso el 6º sentido, para detectar una amenaza y responder.
  • Dentro de dos círculos concéntricos de personas girando, detectar el agresor y responder.

retencion 003En todos ejercicios lo importante es realizar las transiciones posibles, sin exponer en ningún momento la vulnerabilidad de perder el control del arma de fuego, y no acabar absorbiendo ángulos con la boca de fuego que pudieran poner en peligro a los terceros.

Tan importante es trabajar las reacciones del cuerpo, y nuestras aptitudes ante amenazas y escenarios diversos, como trabajar las medidas de autoprotección y de seguridad de los elementos defensivos que se portan.

Espero que haya sido de interés. Un saludo cordial.

QUE SUCEDE A 0 METROS – ATAQUE CON ARMA BLANCA

Siempre estamos acostumbrados a ver sobre todo en ciertas artes marciales, que los enfrentamientos a distancias muy cortas, entre armas blancas o armas de fuego y manos vacías son resueltos con facilidad increíble por maestros, instructores, monitores o alumnos avezados. Y casi siempre la técnica o conjuntos de técnicas son impecables, porque el ejercicio a resolver viene muy definido, ante el arma arriba, así… ante el ataque lateral…asa…ante el ataque ascendente de esta forma…

Pero ¿Qué pasa cuando el ataque no es como nos hemos entrenado?, que sucede cuando el ataque se da a menos de 10 cm de nuestro cuerpo…

La mayoría de las veces se pinta al agresor como la persona que alza el cuchillo por encima de sus hombros, y realiza un ataque vertical hacia abajo. Y la solución suele ser o bien, salir de la línea de acción del brazo/arma del agresor, o bloquear con el antebrazo (entre otras). Unas veces se agarra la muñeca del agresor, y se ejecuta un kotegaesi (por ejemplo), otras veces bloqueo del codo que porta el arma, y giro de la muñeca, y así un largo etcétera de buenas técnicas. Pero son buenas técnicas siempre y cuando el agresor ejecute su ataque bajo las mismas premisas que hemos entrenado.

Sé que habrá quien diga que las técnicas aprendidas sirven para un roto y un descosido, pero supongo que habría que preguntarle al cuerpo, y buscar sus respuestas sobre la memoria muscular grabada. Y ver cómo reacciona ante un movimiento desconocido. Obviamente los reflejos adquiridos y las técnicas de bloqueo y agarre entrenadas, podrán ayudar a resolver la situación. Pero insisto, fuera del marco de acciones entrenadas, de espacios trabajados, se corre el riesgo de no llegar a ser tan eficaces.

Cuando el agresor no adopta posiciones de ataque ni los materializa a las distancias “fáciles” para el control de muñecas o codos y brazos. Cuando el agresor se nos echa encima, tapando con su cuerpo el arma agresora, no cabe las técnicas habituales, y los avezados dirán, bueno pues codos, cabezazos, golpes de rodilla, bla bla bla… pero el agresor carga con el cuerpo, se nos echa encima a distancia 0, su cuerpo está pegado al nuestro, y la mano que sujeta el arma (un cuchillo por ejemplo) queda escondida y pegada al cuerpo. Por mucha rodilla que se quiera meter, por mucho codo que se dé, el agresor ya ha iniciado su maniobra de asestar su primer pinchazo o corte.

Ataque cuchillo distancia 0 1 Ataque cuchillo distancia 0 2 Ataque cuchillo distancia 0 3  Con su cuerpo cargando, seguramente perdamos el equilibrio e incluso la posición estable, y en ese movimiento de empuje, el agresor que fácilmente puede entrar cerrando su cabeza y mentón sobre su pecho, trabajando el empuje de costado, buscará en ese movimiento realizar la acción de corte o pinchazo (este segundo con mayor probabilidad).

Las probabilidades de rechazo pueden ser muy escasas, dando cuenta que un metro de distancia o metro y medio se recorre en menos de un segundo, un simple salto basta para echarse encima, y teniendo en cuenta que nuestra primera reacción va a querer ser bloquear la carga del adversario, difícilmente vamos a poder ver la mano del cuchillo, y va a ser muy complicado buscarla, teniendo el cuerpo del agresor cargando de forma lateral.

Si el agresor no nos ha agarrado o no nos ha arrinconado contra un muro o similar, tal vez tengamos la habilidad de poder salir hacia uno de los flancos. La elección la va a determinar el entorno, y sobre todo nuestra predisposición natural de salida. Si el agresor es diestro, puede cargar con su hombro izquierdo, y de esta manera tiene espacio para poder accionar un pinchazo o cortes con mayor amplitud de movimientos con la mano y brazo que porta el arma.

Si el agresor carga con su hombro derecho y lleva el arma en su mano derecha, seguramente con la carga aproveche la inercia del cuerpo para asestar el pinchazo. Puede que aquí el corte sea menos proclive. Obviamente estamos hablando de un agresor no muy ducho en el arte de la esgrima de cuchillo. Y vamos ajustar al agresor en el estereotipo de persona que actúa por instinto básico, y no agrede usando técnicas de corte o pinchazo entrenadas o previamente diseñadas.

En nuestra salida es muy probable que un pinchazo o un corte sea el precio que recibamos, pero eso es menos grave que quedarse bloqueado y recibir de forma sistemática un gran número de pinchazos y cortes, sin posibilidad de defensa o de salida.

Ataque cuchillo distancia 0 4 Ataque cuchillo distancia 0 5

Una vez que un brazo y una mano armada, protegida por el cuerpo, ha encontrado inercia, velocidad y punto de impacto o de corte, es muy complicado parar al menos las primeras lesiones. Partiendo del punto de vista del agresor, que en su ciclo OODA, ha logrado entrar en nuestra guardia (caso de tenerla…) ya tiene el campo abonado para que su acción de agredirnos y lesionarnos sea un hecho favorable, no tendrá ni que mirar ni seleccionar puntos de corte o pinchazo, tiene a su disposición seguramente nuestro tórax, abdomen y zona lateral que casi siempre será el lado izquierdo, por lo que articular defensa con el brazo y mano derecho será imposible, dado que estará bloqueado seguramente por el cuerpo del agresor.

Si con la mano izquierda no estamos acostumbrados a realizar acciones defensivas, a penas vamos a disponer de posibilidades de poder zafarnos de esos golpes y cortes dirigidos con seguridad hacia nuestro costado y nuestro centro de masas.

Y este es un ejemplo de las mil y una posibilidades que pueden darse en un enfrentamiento contra un arma blanca. Y como ya he dicho, vamos a ponernos en el caso de que se trata de una agresión primaria, por instinto de pinchar y cortar, sin buscar cortes diseñados en tendones y otras partes vitales.

Por todos los medios la respuesta a esa distancia y ante semejante instante sorpresivo, ha de ser la de zafarse de la embestida. Cuestión difícil como ya he explicado. Pero la alternativa no es otra, salir de esa zona donde hemos sido empujados, arriesgar en ese movimiento tal vez un corte, tal vez un pinchazo, y romper por el lado que tengamos posibilidad, intentando en ese movimiento de salida, buscar uno de los costados del agresor. A ser posible el lado contrario al de la mano que porta el arma blanca. De tal forma que al pivotar al querer realizar un corte o asestar pinchazo, este pierda inercia y capacidad, por la nula fuerza y energía transmitida desde la cadera (por parte del agresor). Y ello nos puede dar unos segundos de ventaja, para retroceder e incluso sacar el arma y poder estar en condiciones de al menos realizar un tiro dirigido.

La complejidad de estas circunstancias propician que sea prácticamente muy difícil no acabar siendo herido, y dependiendo de la habilidad, situación, actitud, aptitud, es posible que la herida o heridas sean de menor entidad. La dificultad de poderse zafar a distancia 0 de una embestida “real”, es el mayor de los problemas al que nos podemos encontrar.

Seguro que hay quien piensa en un fantástico movimiento de Muay Thai o un estupendo golpe de Krav Maga, pero la realidad es que en menos de un segundo, una masa determinada en movimiento nos arrolla, y a su vez, un arma blanca está impactando contra partes de nuestro cuerpo que no podemos proteger. Y no hay manera de evitar los primeros 5 ó 10 pinchazos o cortes, después y dependiendo de la habilidad y las fuerzas, tal vez fuera posible alguna acción defensiva, ganando distancia, pero podría ser ya demasiado tarde. Nunca se sabe si uno o 5 pinchazos pueden provocarnos entrar en shock hipovolémico.

El cuchillo no hace un movimiento de arco ascendente, descendente o lateral, el cuchillo no se ve, y solo se desplaza unos 20 centímetros desde la cadera del agresor a nuestro centro de masas.

Si estamos a campo abierto, podremos zafarnos, si no nos hemos caído antes en el movimiento retrógrado, o se nos ha tirado encima el agresor al caer al suelo.

La solución pasa no por repeler o intentar bloquear los golpes del agresor con el arma blanca, la solución es salir de esa zona 0 y pasar a zona 1 (3 metros) y a zona 2 (5, 7 metros), cuando desde ahí sí que podremos realizar acciones defensivas al poder hacer uso de nuestros elementos de defensa (pistola, defensa rígida, etc.).

Y concluiré exponiendo que casi con toda seguridad, una defensa a manos vacías ante un agresor algo ducho en el arte de cortar y pinchar, puede que no sea una gran idea, porque tarde o temprano se acaba siendo cortado. Y para ello como siempre, invitados quedan a coger un rotulador y probar. No es necesario un cuchillo shocknife de 500 euros, un simple rotulador, nos puede indicar después de cualquier ejercicio, donde nos habrían cortado, y que hubieran supuesto esas heridas de corte o pinchazo.

Y desde luego disponer de un shocknife es disponer de una buena herramienta, las descargas a máxima intensidad, provocan sensaciones muy parecidas a un corte, pero para andar por casa, o con los compañeros, háganme caso, unos rotuladores, unas camisetas viejas de color claro, y a probar y analizar.

FORCE ON FORCE – ENTRENANDO REACCIONES II

El carácter del entrenamiento FoF, se basa ni más ni menos que en potenciar técnicas de supervivencia.  Ni más ni menos, que favorecer el desarrollo de capacidades de supervivencia ante un enfrentamiento armado.

Que nadie se siga llevando a engaños, no por mucho realizar ejercicios FoF, va a salir airoso de un enfrentamiento armado, la única garantía ante esto es el factor suerte, para el que crea en él, el factor espacio tiempo, el retardo de la degradación de las capacidades cognitivas, y la ejecución de técnicas apropiadas para cada caso, entre otras muchas más variables.

Es sabido que hay muchos instructores que cuantifican el éxito de sus técnicas defensivas, en grandes porcentajes de éxito y garantía.  Y digo yo ¿si no se conocen las capacidades del agresor, como es posible poder cuantificar el resultado de un enfrentamiento armado, valorando solo una parte?.  Demasiados mitos, ni nuestros alumnos son supermanes, y los malos son almas de la caridad.  Por lo tanto la incógnita seguirá sin poder cuantificarse.

Siguiendo con el hilo de los mitos, un apartado importante a incluir en todo entrenamiento FoF, es el tratar la Teoría de Tueller, o de los 7 metros o 21 pies.  Para muchos, Tueller suena a chino.  Para otros, muy pocos es el precursor de estudios realistas dentro del marco de los enfrenamientos armados.  Y mucha de la base de su investigación, ha facilitado una visión más realista del complejo sistema de reacciones ante la ecuación, agresión, hombre, tiempo y distancia.

Dennis Tueller En el año 1983, en el mes de marzo, el Sargento de Policía Dennis Tueller, revoluciona el mundo policial con la publicación de un artículo en la revista SWAT Magazine. El artículo se desarrollaba bajo el paradigma de que la distancia media, no era una garantía de supervivencia para un agente de policía, en el caso de tener que enfrentarse a un sospechoso armado con un arma blanca (con un cuchillo).

El malo, perfectamente podía recorrer una distancia media que lo separa del agente, y asestar en un tiempo demasiado breve, una herida mortal al agente, antes incluso que este hubiera podido empezar a reaccionar.  Para ello, trabajo con voluntarios en unos experimentos basados en supuestos prácticos, en los que los agentes se sometían a la acción de un adversario armado con un cuchillo, y desarrolló una relación entre la distancia que separaba a ambos, y el tiempo que tardaba la amenaza en plasmarse en un agresión armada, y en muchos casos por ende, mortal.

En su reflexión marcaba el condicionante que sufre el agente de la ley, antes de poder hacer uso del arma de fuego reglamentaria, para poder defender su vida.  Este condicionante legal lo divide en tres aspectos fundamentales:

  • Capacidad: El sospechoso tenía que tener el poder de matar o herir.
  • Peligro: El agente de policía tenía que actuar razonando sobre si la intención del malo era matar o herir.
  • Oportunidad: El malo debería estar lo suficientemente cerca del policía para que este pudiera entenderlo como una amenaza y con ello, poder hacer uso de su arma reglamentaria.

Cuando el agente de policía usaba la fuerza letal en la calle, raramente se entendía la dinámica real de ese enfrentamiento, en el que parecía que un hombre a unos 20 metros, aunque fuera armado con un cuchillo o un palo, sería incapaz de hacer daño o suponer una amenaza para el policía.  Con ello, se estigmatizaba la acción policial, presumiendo que el malo para ser considerado malo, debería estar prácticamente con el cuchillo sobre el cuello del agente.

Dennis Tueller realizó y determino en sus “Experimentos” que un hombre era capaz de recorrer una distancia media de unos 6,4 metros o 21 pies (pónganse a talonarlos y verán que es una distancia considerable, más larga que muchas habitaciones de una casa o un pasillo de esa casa) en la friolera de 1,5 segundos.

Teoria e Tueller ptpolAhora pensemos en cuantas cosas se pueden hacer en 1,5 segundos.  Arma enfundada en fundas de supernivel IV de retención…, ya no hablemos de en que condición de porte (cartucho o no en recámara), seguros activados, guantes anticorte, gafas de sol, colocándose el ceñidor al salir del vehículo, manejando la radio o hablando por ella… y el malo a unos 7 metros, arranca…

Como esto es como Santo Tomás, meter los dedos en la herida para creer, no hay mejor forma de convencer sobre la realidad de esta teoría al os alumnos, que realizando ellos mismos el experimento.  Sin necesidad de golpearse, o tocarse, sencillamente separarlos 7 metros y pedir a uno que arranque al sprint cuando le apetezca y sin mediar señal hacia el otro, y el otro cuando observe la reacción de su compañero, que intente reaccionar, solo eso, quitarse del medio.

Nos sorprenderemos, si el uke hace bien su papel, y se abalanza sobre el tori, o el que hace de bueno.  1,5 segundos no da para mucho, sobre todo si uno no esta ducho en el arte de desenfundar.  Pero realmente se puede desenfundar, y apuntar con el arma en 1,5 segundos… Si claro, un tipo entrenado en la galería lo hará sin dudas, pero ante la visión de un cuchillo jamonero al más puro estilo de la canción de los Estopa, condiciona y mucho las reacciones del que va a recibir la acción del malo.

Habrá quien diga, bueno, puedo retroceder, puedo moverme a izquierda o derecha, etc.  Y tiene razón, en una sala del dojo, tendrá todas esas y más opciones, sobre todo la de no recibir una puñalada de verdad.  Pero ahora pensemos en las intervenciones a diario, en estar pegados al lado del coche patrulla, ya se están delimitando las opciones, hacia atrás mal, topamos con el coche, hacia adelante, viene el malo, a izquierda o derecha…

Ahora pensemos en un ataque a las 4 de la madrugada, con frio, con lluvia, con los guantes puestos, la cacha de la pistola mojada, los elementos de seguridad mojados, resbalando (son polímeros), incluso la defensa mojada.  Pensemos en los dedos agarrotados, la mente cansada de la noche, escasa visibilidad.  Y el factor sorpresa, que no suele llevar sirenas que lo anuncien, o música de fondo que indique que el malo ataca.

En cualquier tipo de entrenamiento que se desarrolle, para el análisis y trabajo de esta distancia media de los 7 metros (pensemos que las intervenciones siempre están por debajo de los 3 metros, el contacto policía sospechoso no se hace a distancia, se suele desarrollar de los 3 metros hacia el 0), habrá que desarrollar supuestos prácticos basados en acciones lógicas.  Por ello se hace imprescindible que los alumnos porten su equipo reglamentario, y para recrear situaciones, incluso deberán asumir que van a entrenar mojados, cansados, cegados, con sueño, etc.

Alguna vez he desarrollado supuestos prácticos a una hora determinada de la madrugada, habiendo tenido a los alumnos durante todo el día trabajando duro, de tal forma que llegan cansados a ese punto.  ¿Alguna vez alguien ha doblado turno?, pues ya está…

Dedicar tiempo a descubrir y sumergirse en el estudio de las reacciones del alumno, en distancias medias, va a favorecer que éste reflexione, si a 7 metros soy baja seguro… a 3 metros, en décimas de segundo ¿Qué voy a poder hacer?.

Ahora pensemos en que en vez de un arma blanca, el malo porta un arma de fuego, sin fundas nivel IV, ni guantes ni leyes que lo regulen, sencillamente lleva una pistola en los riñones, cartucho en recamara sin seguros, y se encuentra a 3 metros del policía. ¿Cuánto tiempo va a invertir en sacarla de los riñones y disparar al agente?, ¿Cuánto tiempo va a tardar el agente en hacer lo propio?.  Vayamos a 7 metros, y repitamos el ejercicio.  ¿Ha cambiado algo?.  Vayamos a 15 metros, ¿Varía?.

Tueller-Drill-Diagram-silhouette-versionCambiemos de registro, cojamos un palo, un mango de un pico, una extensible oculta que despliegue el malo mientras se nos echa encima.  Trabajemos distancias. ¿Qué hacemos? ¿Sacar el arma? ¿Nos da tiempo? ¿Sacar nuestra defensa?¿pararlo con las manos o una súper técnica defensiva?. Todas esas cuestiones deberá lograr despejarlas el alumno en base a la propuesta y el análisis del instructor.

 El mayor peligro se centra en las armas blancas o elementos punzantes junto a los objetos contundentes, se venden o se obtienen con una facilidad asombrosa, y los delincuentes saben de su letalidad.  Hay una vieja estadística que dice que “El 80% de los heridos de bala sobreviven, y el 80% de los heridos de arma blanca fallecen”.  Saquemos más conclusiones…

En el FoF Tueller es materia troncal.

Seguiremos desglosando este tipo de entrenamiento en próximas entradas, espero les haya gustado

ENTRENANO REACCIONES I

Cuando nos adentramos en el entrenamiento de nuestras reacciones, realizando baterías de ejercicios FoF, hemos de tener dos cosas muy claras.  Una, que por mucho que queramos acercarnos a la realidad, va a ser imposible emular las sensaciones y las reacciones fisiológicas que se experimentan ante un enfrenamiento armado.  Y dos, que a más practiquemos y desarrollemos pautas de trabajo ante supuestos, mejor entrenaremos y desarrollaremos nuestras reacciones ante esas situaciones inesperadas.

Es importante desde el plano de vista cognitivo, entender cómo se desarrollan los ejercicios y con qué fin, porque puestos en harina, el plano cognitivo comienza a irse de vacaciones, y aparece nuestro plano más irracional, más primitivo.  Y en él no cabe pensar en cómo voy hacer las cosas si me ataca un tipo armado con un garrote, o nuestro cuerpo se ha habituado a moverse y reaccionar ante un estimulo similar, o nos llevaremos el garrotazo seguro.

FoF 007Por eso, cada ejercicio ha de tener una fase de comprensión, antes de introducir al o a los alumnos en el mismo.  Una vez inmersos, las reacciones afloran, y ahí está el objetivo del instructor, detectar que reacciones son válidas y cuáles no.  Y no con el fin de corregir, porque tal vez sea muy difícil corregir una actitud en una sola sesión, sino con el fin de informar al alumno de lo que hace, de cómo lo hace.  Esa información es la que al alumno le va a servir, para tener que interiorizar y comprender que para aumentar sus posibilidades de supervivencia, debe modular un cambio en las aptitudes que conduce.

La primera secuencia siempre ha de ir encaminada a posibilitar una reacción en la que las habilidades motoras finas, no se conviertan en un medio primordial e imprescindible para salir airoso de la situación.  Dado que es muy posible, que para cuando el alumno, quiera reaccionar y asociar sus habilidades con el problema que se le echa encima, estas habilidades se hayan degradado tanto, que sea incapaz de poder asir ni siquiera su defensa, bastón extensible, u otro elemento defensivo.  Ni mucho menos ya hablar de la pistola.

En ese caso, las habilidades motoras gruesas son las que cobrarán la mayor responsabilidad y eficacia.  Y tampoco nos engañemos, dar un paso adelante o hacia atrás, sin tener clara la dirección, llevará al alumno a caerse, y lo peor del caso, es que facilitará y mucho la labor al adversario que bien a echarse encima.

Para trabajar esta primera parte del entrenamiento, se ha dividir el trabajo en tres fases, en las que de forma gradual el alumno experimente no solo con la actitud agresiva del adversario, sino que experimente sus aptitudes ante una escala ascendente dentro del entorno violento al que se le somete.

Por ello, la actitud del uke o compañero que actúa como adversario, la dividimos en estas tres fases como ya hemos comentado:

–       Intimidatoria

–       Agresiva

–       Atacante

En la fase intimidatoria, el adversario o atacante ha de mostrar su actitud de forma que el alumno la pueda interpretar, la pueda evaluar, es decir, pueda desarrollar a ritmo inusual el ciclo OODA, tanto el propio como el del adversario.  Para ello podemos trabajar sobre distancias más amplias, o simplemente sobre movimientos más exagerados, pero no contundentes.

En la fase agresiva, la actitud y la acción ofensiva del atacante debe desarrollarse a una velocidad normal, a un ritmo normal, delimitando las distancias, que bien pueden seguir siendo mayores a las habituales dentro de un enfrentamiento armado.

FoF 009En la fase atacante, la velocidad podríamos definirla como terminal, en la que el atacante tiene claro el objetivo sin titubear, es decir, se va directo hacia el alumno y con un objetivo claro, causarle el daño significativo (en este caso simulado) que suponga su fuera de combate.

Dependiendo del tipo de arma y objeto que el adversario porte, las reacciones y acciones del alumno cobrarán más sentido, por ello, no es correcto entrenar siempre con cuchillos de entrenamiento, o con pistolas simuladas de entrenamiento.  Hay que trabajar con cuchillas (simuladas obviamente) adheridas a los dedos mediante tiritas, con tarjetas de crédito afiladas (en nuestro caso con el borde pintado de carmín rojo), con destornilladores, tenedores, punzones, cadenas, palos, azadas, cuchillos, escopetas de caza, katanas (si katanas… ¿Cuántas se venden al cabo del día a no profesionales de las artes marciales?…), y armas de fuego como las pistolas o revólveres.

Y partiendo de cada uno de estos objetos, adecuar unos supuestos prácticos que sirvan como punto de partida.  Ejercicios sencillos, que no requieran pensar grandes maniobras al alumno, sencillamente salir de la dirección de ataque del adversario.  Pivotando, usando sus manos como palanca, como elemento de bloqueo del movimiento (no de la acción de ataque) del adversario, etc.

En el análisis que debe efectuar el instructor después de cada uno de los ejercicios o supuestos prácticos propuestos, se debe pautar los tiempos de acción y reacción del alumno, y hay que motivarle para que insista en aquellos procedimientos que le han servido para evadirse de la acción ofensiva, y aquellos que le han proporcionado un plus de supervivencia ante el ataque.  En el caso de los procedimientos erróneos que se hayan podido observar, hay que matizarlos, pero no degradarlos, para no llevar a equívoco al alumno.  No siempre han de ser errores, a veces simplemente necesitan una visión periférica que pueda valorar cuando conviene aplicar.

Por lo tanto, no consiste en desechar ninguna técnica u acción del alumno, solo hay que reconducirla o temporalizarla dentro del ciclo de la agresión.  Siempre se habla de romper el ciclo OODA del adversario, como matiz indiscutible para desbaratar la acción ofensiva del mismo, pero no hay que olvidar que a su vez hay que ejecutar nuestro propio ciclo, y eso en décimas de segundo, requiere una habilidad cognitiva, que tal vez no podamos ejecutar.  Y por lo tanto, se hace imprescindible amortizar energías, y afrontar que tal vez haya que prepararse para recibir ese flujo de energía negativo que nos va a transmitir el adversario.

Las opciones que debe valorar el alumno siempre han de ser encaminadas a la supervivencia, no siempre una retirada podrá evitar los daños de la acción ofensiva, pero si el trabajar distancias, puede favorecer siempre que sea posible, un mayor número de oportunidades y tiempo para preparar la acción defensiva.

Siempre que se trabajan ejercicios FoF, existe la tendencia a dar distancia al enfrentamiento, cuando realmente, y salvo protocolos muy pulidos de actuación, la gente se encuentra a menos de tres metros de distancia, entre agresor y agredido.  Y ello, hace muy difícil el articular una defensa cognitiva y válida.  Primero por la escasa distancia en la que se trabaja la reacción, y segundo, por el escueto tiempo de reacción.

Los vídeos en Youtube en el que el agresor lanza su cuchillada de lejos, o dispara con las palmas al frente y brazos extendidos, o lanza un golpe por el sector superior en arco hacia abajo, son meramente un teatro para justificar  técnicas irreales.  El malo de verdad, cuando asesta la puñalada carga con el cuerpo, y suelta la mano desde atrás oculta, basculando, con fuerza, imposible de parar si estamos ya desequilibrados por el empuje de su cuerpo.  El malo cuando dispara, no lo hace con los brazos extendidos, lo hace desde la cadera, escondiendo el arma, y el malo cuando golpea con un palo, no hace un arco de arriba abajo, lanza su golpe de forma irregular y violenta entrando primero con el cuerpo como elemento de choque para desbaratar nuestra defensa, y luego golpea incluso de abajo arriba, como un punch que parte de abajo hacia la barbilla.

Por lo tanto, si queremos aplicar tintes de realidad a nuestro entrenamiento, no vamos hacer que los alumnos se enfrenten a maniquíes mediatizados y muy ordenados en cuanto a las posturas y posiciones.  Hemos de dejar que el ataque se improvise, que no sea un kata ordenado, que sorprenda cada vez al alumno, que note la violencia de la masa corporal, y no un acto que se conoce con premeditación. No estamos hablando de lucirnos ante la grada o ante la cámara de vídeo, estamos hablando de supervivencia.

También hay que trabajar la proporcionalidad versus oportunidad.  No siempre vamos a poder concretar una elección de medio para resolver la agresión, palo pistola, cuchillo defensa, pistola gorra, en fin, que lo importante es reaccionar con aquello que nos permita sobrevivir a un ataque.  Y que nadie desdeñe el valor de un palo.  Miyamoto Musashi (el libro de los cinco anillos), un samurái muy famoso del Japón feudal, mató a muchos contrincantes con un palo, con su bokken de madera… Piensen en eso antes de enfrentarse a un tipo con un palo, un mango de pico o de azada…

Para terminar este primer asalto sobre el entrenamiento FoF, en su primera parte más primigenia, recordar que hay que diferenciar entre un entrenamiento calmado a uno con trabajo del estrés aeróbico, mucho más físico, y donde podemos trabajar para degradar ciertas habilidades y percepciones del alumno, mediante una alegre batería de ejercicios físicos más o menos explosivos o de carga y fuerza que debiliten sus habilidades motoras.

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